Las cosas de KrustY

03 enero 2006

Al enemigo ni agua

Dicen que los niños pequeños aprenden muy rápido, que son esponjas del conocimiento, que absorben cualquier experiencia y no olvidan. La de veces que habré oído estas cosas y acto seguido he pensado “Pero qué exagerada es la gente”. Ahora me doy cuenta de que, lejos de ser exagerados, ¡se quedan cortos!

Los bebés realmente saben qué está pasando a su alrededor, y se lo apuntan todo. Después, con la información que recopilan elaboran un cuidadoso plan de ataque, un plan de acoso y derribo.

Operación bracitos
Ellos tienen todo el tiempo del mundo, así que la paciencia es un factor que dominan por encima de uno mismo. Esta ventaja, conjugada con la inexperiencia en las labores de crianza, suele ser decisiva a la hora de decidir un vencedor en la contienda. Os voy a relatar, padres del mundo, cómo vuestro hijo os toma el pelo para salirse con la suya.

Al principio prueba con los trucos más sutiles, no conviene abusar de los ases que se tienen escondidos en la manga o al final se le verá el plumero: unas posecillas, un sonido gutural, unos movimientos más o menos espasmódicos... todo esto se suele calmar con facilidad sin llegar a cogerlo en brazos. Pero él sabe que no eso lo que quiere, así que, las cosas que le han calmado hasta el momento dejan de funcionar. Aprieta la boca, el color orsado de su piel se torna rojo, y de repente... ¡llora! Este momento suele ser definitivo, aquí sucumben una gran mayoría de padres. Pero tú eres fuerte y continúas calmándolo “con la paciencia que yo tengo...
Pasa el tiempo y el niño no se calma, llora cada vez más fuerte, su cabeza se pone cada vez más roja... si esto fueran dibujos animados, ya hacía tres minutos que le habría reventado. Así que dudas “¿le pasará algo?” “¿tendrá gases?”, pues si que tienes paciencia si. Aquí yo mismo estuve a punto de dar mi brazo a torcer. Pero cuando Adrián creía que ya había vencido la batalla, me acordé de lo que me comentó una vez una amiga, así que me escondí para que no me viera, pero yo a él sí, mientras lo seguía calmando sujetándole el chupete (aun no sabe quedárselo en la boca) En ese mismo instante se acabaron los lloros. No me veía y sin embargo no lloraba. Yo pensaba que mi presencia le calmaba, pero en realidad lo que pasaba es que lo alentaba a seguir con su diabólico plan. Desaparecido el brazo, se acabó el plan.

Resultado: 30minutos de lloros desconsolados y 5 horas seguidas de sueño, impresionante el método “Tere”.

1 Comments:

  • iep, que crack... tu ve apuntando, que si todo va biem, ya te tendremos que preguntar de aquí a un tiempo!

    By Anonymous Anónimo, at 19/1/06, 11:46  

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