¡Al agua patos!
Cuando las crías de seres humanos son sacadas de su hábitat natural, lejos de sentirse desorientados, parecen disfrutar más aun del medio que les rodea.
Para este experimento contamos con el individuo conocido como Adrián, el cual responde raudamente a las indicaciones de su criadora y guía en esta nueva aventura.
Aunque no es la primera vez que Adrián, nuestra cría de ser humano, disfruta y juega sumergido parcialmente en agua, sí que es la primera vez que se enfrenta a un volumen de líquido suficiente para echar atrás al más pintado. Aun así, Adrián mira directamente a los ojos del peligro para retarlo a un encuentro acuático.
Cuando el individuo es sumergido en la solución de cloro, afloran los instintos de supervivencia que el ser humano aun conserva y que constituyen los lazos más fuertes que le quedan con el reino animal. Brazos y piernas se mueven en un baile acuático digno del mejor de los delfines, y todo ello con la tranquilidad del que aun no conoce los peligros de la vida.
Tras esta singular experiencia, Adrián ya conoce los avatares y el esfuerzo que requiere el moverse fuera de su medio natural, y aunque aun no domina las artes nadatorias, con la ayuda de sus criadores llegará a desenvolverse, como vulgarmente se dice, “como pez en el agua”.

