Te pillé
Estaba yo tan contento en la cocina de unos amigos con Darío en los brazos y Adrián revoloteando alrededor. Darío luchaba con su propio cuerpo para poder seguir a su hermano con la mirada, batiéndose de un lado a otro como el que se siente atrapado y quiere escapar. Tanto empeño puso, que regurgitó un poco de la cena que había tomado cinco minutos antes y, como consecuencia, se manchó la camiseta.
Una de las cosas que aprendemos pronto los padres es a corregir a nuestros hijos cuando hacen algo mal, con la esperanza de que la próxima vez se acuerden y no repitan el comportamiento. Años de entrenamiento en esta faceta con Adrián han hecho que esto sea algo natural que mi cuerpo hace solo, sin pensar, así que mi instinto corrector afloró y le dije a Darío: "Pero hijo ¿Qué haces?" obviamente no obtuve respuesta... de Darío.
Los niños que son muy listos, y los de uno más que los otros, aprenden rápidamente cosas como el chantaje emocional, echar la culpa a otro, o enmascarar la verdad (no diré mentir) para ocular alguna pifia que han hecho.
Como decía, Darió no contestó a mi reprimenda, sin embargo si que oí un "Nada, nada" detrás de mí. Al girarme estaba Adrián, más tieso que una vela, con las manos en la espalda y una sonrisa de oreja a oreja y, aunque no sabía en absoluto que estaba haciendo, me dieron ganas de decir "te pillé".
